Hay ciertas cosas en la vida que fueron creadas para suceder. Lo que tiene que suceder, va a suceder tarde o temprano y va a ser maravilloso. O no.
Hay ciertas palabras en la vida que fueron creadas para ser dichas, no para ser guardadas. Siempre terminan siendo dichas, al fin y al cabo. Los resultados pueden no ser los esperados pero siempre hay algo rescatable.
En mi caso, hablé, no recibí lo que esperaba pero rescato algo. Rescato que me siento un poquito menos introvertida, un poquito menos tímida, un poquito más expresiva, un poquito más desenvuelta. Siento que hice bien. Siento que, a lo mejor, lo tendría que haber dicho antes. Pero no importa, lo hice ahora y lo celebro. No todo está perdido. Nunca está todo absolutamente perdido.
Life goes on, after all.~
(...) Pero yo no soy una escritora. Soy simplemente un ser humano en busca de expresión. - VICTORIA OCAMPO.
viernes, 30 de julio de 2010
lunes, 26 de julio de 2010
Las Pasiones son más fuertes que la Vida misma.
Hoy me senté nuevamente en la butaca de la sala de un teatro, para ver una función con un GRANDE en el escenario como es Lito Cruz.
Tuve una gran fantasía: al verlos a todos ellos, llorando muertes y culpas -y por consiguiente, haciéndome llorar a mí por esa historia contada- quise ser yo quien contara esa historia, quien hiciera emocionar a la gente, quien la entretuviera por una hora y media, quien la hiciera dejar de pensar en los problemas de la vida cotidiana, quien llegara hasta lo más profundo de sus pensamientos y quien -por qué no- cambiara sus vidas...
Cuando todos al final salieron a saludar al público y a recibir cataratas de aplausos más que merecidos por la hora y media de un teatro de calidad, sentí una imperiosa necesidad de ser yo quien estuviera parada allí, recibiendo esos aplausos, sintiendo la satisfacción que ellos sentían en ese instante, yéndome a casa con una sonrisa y la certeza de haber hecho algo por esa gente y también por mí, porque es lo que me gusta y quizás para lo que nací. Y las lágrimas rodaron por mis mejillas...
Tuve una gran fantasía: al verlos a todos ellos, llorando muertes y culpas -y por consiguiente, haciéndome llorar a mí por esa historia contada- quise ser yo quien contara esa historia, quien hiciera emocionar a la gente, quien la entretuviera por una hora y media, quien la hiciera dejar de pensar en los problemas de la vida cotidiana, quien llegara hasta lo más profundo de sus pensamientos y quien -por qué no- cambiara sus vidas...
Cuando todos al final salieron a saludar al público y a recibir cataratas de aplausos más que merecidos por la hora y media de un teatro de calidad, sentí una imperiosa necesidad de ser yo quien estuviera parada allí, recibiendo esos aplausos, sintiendo la satisfacción que ellos sentían en ese instante, yéndome a casa con una sonrisa y la certeza de haber hecho algo por esa gente y también por mí, porque es lo que me gusta y quizás para lo que nací. Y las lágrimas rodaron por mis mejillas...
domingo, 25 de julio de 2010
Dolor.
Y finalmente sucedió lo que iba a suceder tarde o temprano. Mi silencio me costó muchísimo más caro de lo que pensaba. Lo peor es que vino a contármelo justo a mí. ¿Por qué? ¿Lo sabrá y querrá lastimarme? ¿Lo sabrá y querrá probarme? No lo sé. Creo que nunca voy a saberlo. Cada vez estoy más lejos de confesarle algo. Pero ya se sabe que la vida es así. Lo que te da por un lado, por el otro te lo quita.
sábado, 24 de julio de 2010
Cuando la Fantasía se vuelve Realidad.
Logré, en cierto modo, lo que siempre quise lograr. Y no necesité recurrir a un papel lastimoso y patético. Dada mi fascinación por lo fictício, es extraño. Pero esta vez me bastó con ser yo misma para conseguir aquello que siempre anhelé.
Se siente genial. Se siente como si tuviese el mundo en mis manos y pudiese hacer con él lo que se me ocurra.
Por un momento, por este momento, siento que soy feliz y que nada puede cambiar eso. Nada puede quitarme esta felicidad que hay dentro de mí.
No sé cómo se sigue. Tampoco me interesa. Este sentimiento es el más maravilloso de toda mi vida y no pienso abandonarlo, a pesar de las decepciones, a pesar de lo que tenga que soportar. Los resultados hacen que valga la pena cualquier cosa.
GRACIAS a vos.
Se siente genial. Se siente como si tuviese el mundo en mis manos y pudiese hacer con él lo que se me ocurra.
Por un momento, por este momento, siento que soy feliz y que nada puede cambiar eso. Nada puede quitarme esta felicidad que hay dentro de mí.
No sé cómo se sigue. Tampoco me interesa. Este sentimiento es el más maravilloso de toda mi vida y no pienso abandonarlo, a pesar de las decepciones, a pesar de lo que tenga que soportar. Los resultados hacen que valga la pena cualquier cosa.
GRACIAS a vos.
jueves, 22 de julio de 2010
La Muerte de un Ser Querido.
Tengo una teoría acerca de la gente cercana a mí que muere repentinamente: no se muere del todo; una parte de ellos queda dando vueltas entre el cielo y la tierra, cuidándome, queriendo decirme algo, quién sabe.
A menudo los sueño, se me presentan. Tengo recuerdos de ellos, sin ningún tipo de factor que los atraiga. Siento su perfume. Pienso en ellos. Muchas veces voy por la calle e imagino encontrármelos.
Me pasaba muy seguido cuando falleció mi abuelo paterno. De un día para el otro, todo estaba bien, y se fue. Iba por la calle buscándolo, soñando con cruzármelo a la vuelta de la esquina. Nunca sucedió, por supuesto. Ni siquiera pude ver a alguien que fuera parecido como para no matar la ilusión.
Ahora que lo pienso, fui a su velatorio pero no quise verlo muerto: preferí guardar en mi memoria la sonrisa que tenía en su rostro la última vez que lo vi, su buen humor, su alegría, sus chistes, la complicidad que había entre los dos. Creo que pudo haber influido en esto de que no termino de enterrarlo. También influye el hecho de que ambas dos personas de las que hablo eran muy apegadas a mí. Sobre todo mi abuelo paterno. Pero yo pienso en mi abuelo materno y en el poco tiempo que viví con él y me doy cuenta que nos habríamos llevado tan bien. Y me gustaría haberlo conocido más. Es hermoso encontrarme con gente que no conozco y que me diga que mi abuelo era una persona excelente y que tengo su mirada. Pero me hubiese encantado realmente descubrirlo por mí misma y encontrar mi mirada en la suya.
Lamentablemente no pudo ser y tengo que conformarme buscando los restos de su espíritu en su amada Mar del Plata, sintiéndome abrazada por él en cada ola, imaginándome sus ojos llenos de lágrimas ante la inmensidad del mar teñida por el colorido del atardecer, contrastando con el gris del cemento.
Luego de este tiempo de reflexión pienso que la respuesta era muy sencilla, estaba frente a mí: los tengo en mi corazón y la necesidad de tenerlos cerca mío hace que los evoque cada tanto, para no olvidarlos, para que nunca terminen de morir. Y nunca los voy a olvidar. Siempre los voy a tener conmigo. Y tengo la certeza de que voy a cumplir con esta promesa. Porque los amo. Porque los extraño. Porque los necesito. Porque SON parte de mí.
A menudo los sueño, se me presentan. Tengo recuerdos de ellos, sin ningún tipo de factor que los atraiga. Siento su perfume. Pienso en ellos. Muchas veces voy por la calle e imagino encontrármelos.
Me pasaba muy seguido cuando falleció mi abuelo paterno. De un día para el otro, todo estaba bien, y se fue. Iba por la calle buscándolo, soñando con cruzármelo a la vuelta de la esquina. Nunca sucedió, por supuesto. Ni siquiera pude ver a alguien que fuera parecido como para no matar la ilusión.
Ahora que lo pienso, fui a su velatorio pero no quise verlo muerto: preferí guardar en mi memoria la sonrisa que tenía en su rostro la última vez que lo vi, su buen humor, su alegría, sus chistes, la complicidad que había entre los dos. Creo que pudo haber influido en esto de que no termino de enterrarlo. También influye el hecho de que ambas dos personas de las que hablo eran muy apegadas a mí. Sobre todo mi abuelo paterno. Pero yo pienso en mi abuelo materno y en el poco tiempo que viví con él y me doy cuenta que nos habríamos llevado tan bien. Y me gustaría haberlo conocido más. Es hermoso encontrarme con gente que no conozco y que me diga que mi abuelo era una persona excelente y que tengo su mirada. Pero me hubiese encantado realmente descubrirlo por mí misma y encontrar mi mirada en la suya.
Lamentablemente no pudo ser y tengo que conformarme buscando los restos de su espíritu en su amada Mar del Plata, sintiéndome abrazada por él en cada ola, imaginándome sus ojos llenos de lágrimas ante la inmensidad del mar teñida por el colorido del atardecer, contrastando con el gris del cemento.
Luego de este tiempo de reflexión pienso que la respuesta era muy sencilla, estaba frente a mí: los tengo en mi corazón y la necesidad de tenerlos cerca mío hace que los evoque cada tanto, para no olvidarlos, para que nunca terminen de morir. Y nunca los voy a olvidar. Siempre los voy a tener conmigo. Y tengo la certeza de que voy a cumplir con esta promesa. Porque los amo. Porque los extraño. Porque los necesito. Porque SON parte de mí.
martes, 20 de julio de 2010
Mi Noción de Patria.
Hace algunos días, en un acto escolar, al momento de cantar el himno, levanté la vista al cielo más celeste que nunca y, entre las nubes estratificadas pude visualizar la bandera argentina. En ese mismo momento, con los ojos humedecidos por las lágrimas de emoción que me brotaron, me pregunté por qué sigo sin poder sentir orgullo por mi país, mi nacionalidad, mi patria. ¿Por qué sigo queriendo irme en cuanto tenga la posibilidad? ¿Por qué los mandatarios y el Pueblo mismo hacen que sus propios pares no se sientan a gusto en un lugar rodeado de injusticias, de mentiras, de inseguridad?
Pienso en toda la gente que luchó por nuestra independencia. Pienso en todos los años que vivimos bajo la corona española. Pienso en la gente sin trabajo, sin techo. Pienso en mí, en mi miedo a cruzar la puerta de mi casa, miedo a que tal vez sea la última vez que lo haga. Pienso en la desolación de esas familias arruinadas quizás por un celular, quizás por diez pesos miserables. Pienso en mi futuro, en un futuro que no tengo asegurado, no tengo siquiera mi vida asegurada, tampoco un trabajo. Pienso en mi familia, gente honrada que siempre trabajó para ganarse el pan, para poder lograr una nación para mí y mis hijos. Pienso en mis hijos y no quiero que vivan acá, quiero algo diferente para ellos, algo mejor.
No pido grandes cosas, no pido ser un país que pueda competir con las grandes potencias. Pido sencillamente poder salir a la calle sin miedo de no volver, saber que el día de mañana voy a poder ganarme el plato de comida y no tener la necesidad de salir a robar para conseguirlo, saber que la justicia (qué extraña me suena esta palabra últimamente, ¿existirá realmente?) me ampara a mí y no al asesino, tener la certeza de que la vida de una persona vale mucho más que el dinero.
Y siento esa impotencia de no poder hacer nada. Ni siquiera mi voto vale, cuando a millones de otras personas, ignorantes por culpa de gobiernos anteriores, les compran sus votos y ellos acceden tal vez por un paquete de fideos o una lata de arvejas. Creo que cuando me toque votar el año que viene, no me presentaré. Pagaré la multa o lo que sea necesario. Ahora pienso en lo injusta que soy con mujeres como Evita que dieron su vida para que yo hoy pudiera votar. Pero también pienso en que, si ella en este momento estuviera viva y viera la situación en la que se vive, elegiría volver a morir.
También sé que no soy la única persona entre estos 40 millones que piensa y siente de esta manera. Pero nos falta unión. La gente sólo piensa en salvar su propio cuerpo y el resto, qué más da, ¡que reviente!
Entonces elijo irme porque sé que, lamentablemente, en dos años la situación no va a cambiar, ni siquiera va a mejorar levemente como para devolverme la esperanza de empezar una vida acá.
Ahora, queriendo terminar esto, se me vienen a la mente recuerdos vividos aquí y personas que amo que viven aquí. Y me pregunto si realmente podré algún día subirme a un avión sola, con mi cuerpo y unas pocas pertenencias nada más y dejar toda mi mochila abajo, empapada de incertidumbres, tristeza, dolor y llanto.
Y otra vez sigo sin saber qué hacer...
Pienso en toda la gente que luchó por nuestra independencia. Pienso en todos los años que vivimos bajo la corona española. Pienso en la gente sin trabajo, sin techo. Pienso en mí, en mi miedo a cruzar la puerta de mi casa, miedo a que tal vez sea la última vez que lo haga. Pienso en la desolación de esas familias arruinadas quizás por un celular, quizás por diez pesos miserables. Pienso en mi futuro, en un futuro que no tengo asegurado, no tengo siquiera mi vida asegurada, tampoco un trabajo. Pienso en mi familia, gente honrada que siempre trabajó para ganarse el pan, para poder lograr una nación para mí y mis hijos. Pienso en mis hijos y no quiero que vivan acá, quiero algo diferente para ellos, algo mejor.
No pido grandes cosas, no pido ser un país que pueda competir con las grandes potencias. Pido sencillamente poder salir a la calle sin miedo de no volver, saber que el día de mañana voy a poder ganarme el plato de comida y no tener la necesidad de salir a robar para conseguirlo, saber que la justicia (qué extraña me suena esta palabra últimamente, ¿existirá realmente?) me ampara a mí y no al asesino, tener la certeza de que la vida de una persona vale mucho más que el dinero.
Y siento esa impotencia de no poder hacer nada. Ni siquiera mi voto vale, cuando a millones de otras personas, ignorantes por culpa de gobiernos anteriores, les compran sus votos y ellos acceden tal vez por un paquete de fideos o una lata de arvejas. Creo que cuando me toque votar el año que viene, no me presentaré. Pagaré la multa o lo que sea necesario. Ahora pienso en lo injusta que soy con mujeres como Evita que dieron su vida para que yo hoy pudiera votar. Pero también pienso en que, si ella en este momento estuviera viva y viera la situación en la que se vive, elegiría volver a morir.
También sé que no soy la única persona entre estos 40 millones que piensa y siente de esta manera. Pero nos falta unión. La gente sólo piensa en salvar su propio cuerpo y el resto, qué más da, ¡que reviente!
Entonces elijo irme porque sé que, lamentablemente, en dos años la situación no va a cambiar, ni siquiera va a mejorar levemente como para devolverme la esperanza de empezar una vida acá.
Ahora, queriendo terminar esto, se me vienen a la mente recuerdos vividos aquí y personas que amo que viven aquí. Y me pregunto si realmente podré algún día subirme a un avión sola, con mi cuerpo y unas pocas pertenencias nada más y dejar toda mi mochila abajo, empapada de incertidumbres, tristeza, dolor y llanto.
Y otra vez sigo sin saber qué hacer...
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Cecilia,
Desilusión,
Patria
jueves, 8 de julio de 2010
Adiós.
Por mucho que te quiera he llegado a comprender que mi vida sin ti es mucho más fácil porque, últimamente, lo que más me gustaba de ti, eran esas largas horas de espera por verte. Una vez que te veía, se desvanecía toda esperanza anterior.
Y no. No es por lo que tú crees, eso de que sea otra mujer insatisfecha, loca o malhumorada. Simplemente, es que me he aburrido de esperarte y he llegado a comprender que, posiblemente, haya incluso algo mejor. No sé si será cierto, pero si no sigo la aventura incierta, nunca, jamás lo sabré... y moriré en la eterna duda...
Perdóname amor mio por no esperarte, por olvidarte...
Aunque siempre una parte de ti sé que será mía.
Y no. No es por lo que tú crees, eso de que sea otra mujer insatisfecha, loca o malhumorada. Simplemente, es que me he aburrido de esperarte y he llegado a comprender que, posiblemente, haya incluso algo mejor. No sé si será cierto, pero si no sigo la aventura incierta, nunca, jamás lo sabré... y moriré en la eterna duda...
Perdóname amor mio por no esperarte, por olvidarte...
Aunque siempre una parte de ti sé que será mía.
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