Quisiera que me expliques cómo es que hacés para siempre lograr sacarme de cualquier preocupación o tristeza y hacerme sonreír... hacerme FELIZ.
Quisiera saber cuál es tu método. ¿Sabés; sos mínimamente consciente de lo que producís en mí? Seguro que no. Pero no importa. Lo hacés y es lo que vale. Me hacés feliz. Y por eso te quiero con todo mi corazón.
Me enorgullezco infinitamente por vos, porque te admiro y porque sé que merecés esto que te pasa, no sólo el premio, sino también el reconocimiento y el trabajo. Me enorgullezco porque yo te elegí por esto, por tu fantástico desempeño como actriz. Me enorgullezco más porque sos vos y porque sigo descubriendo que este camino que elegí es el mejor.
(...) Pero yo no soy una escritora. Soy simplemente un ser humano en busca de expresión. - VICTORIA OCAMPO.
martes, 31 de agosto de 2010
No existe en el mundo lugar como tus brazos, que no sólo saben darme calor, sino que además logran constituir un refugio para mi locura y para apaciguar las ganas de amar que hay en mi corazón y una vez más se ven obligadas a mantenerse ocultas. ¿Por qué será que siento que puede llegar a ser real y fabuloso? ¿Por qué siempre tengo esailusión?
Fue maravilloso. A pesar de saber que era mentira... Todo en mi vida lo es...
Te amo. Por Dios, date cuenta antes de que me vuelva loca.
Fue maravilloso. A pesar de saber que era mentira... Todo en mi vida lo es...
Te amo. Por Dios, date cuenta antes de que me vuelva loca.
jueves, 26 de agosto de 2010
martes, 24 de agosto de 2010
H. R. O.
¿Todo sería diferente o las cosas serían exactamente igual de mierda si no te hubieses ido?
Nunca lo voy a saber.
Lo único que sé es que tu muerte me dejó muchas dudas, muchos misterios, muchas preguntas, mucho amor encerrado en el corazón y una lágrima congelada por siempre que, por más que lo intente y llore, el frío de él jamás derretirá y así permanecerá, perpetuada.
Te necesito. Nunca te necesité tanto. Y tu sueño me sigue haciendo pensar. Y no sé qué hacer...
Nunca lo voy a saber.
Lo único que sé es que tu muerte me dejó muchas dudas, muchos misterios, muchas preguntas, mucho amor encerrado en el corazón y una lágrima congelada por siempre que, por más que lo intente y llore, el frío de él jamás derretirá y así permanecerá, perpetuada.
Te necesito. Nunca te necesité tanto. Y tu sueño me sigue haciendo pensar. Y no sé qué hacer...
viernes, 20 de agosto de 2010
jueves, 19 de agosto de 2010
miércoles, 18 de agosto de 2010
¿Somos nosotros? ¿Es la vida? ¿Qué es?
Qué difícil es todo. Qué horrible, cruel y morbosamente complicado. Me pregunto en este momento si alguien desde arriba mueve los hilos y disfruta con el sufrimiento ajeno. Me pregunto también si puede existir una felicidad que dure más de cinco minutos.
Siempre fui defensora de la frase que dice algo así como que la vida no es difícil, sino que quienes la complican son las personas.
Hasta hace unos días estaba enojada, "enmimismada", preocupada únicamente por mis problemas, sin fijarme que la gente a mi alrededor era feliz, estaba pasando un buen momento. Hoy pude dejar todo ese enojo y resentimiento de lado y predisponerme a disfrutar de la vida y de ese sol que brilla todos los días y que, como dice Fito, ni siquiera una bomba lo puede parar. Como es de suponer, la felicidad duró poco, a pesar de que son muchos los motivos que YO tengo para estar feliz o, al menos, contenta. Me di cuenta de que la gente a mi alrededor estaba pasando un momento horrible, de duras decisiones, de momentos no sé si claves, pero sí muy duros y difíciles de pasar. Y entonces apareció la culpa. ¿Debería sentirme culpable y dejar mi alegría de lado aunque sea por un ratito hasta que todo se acomode un poquito? ¿Llegará alguna vez ese momento en que, aunque sea por un instante único en el Universo, la gente que me rodea y amo de verdad encuentre la armonía, ni siquiera pido la felicidad? ¿Está mal esta alegría que hay en mí por las buenas noticias de hoy?
Luego de escribir esto pienso que, si de verdad creo que la gente es la que complica la vida, entonces no debería de preocuparme por nada ni nadie. Y volvería a sentirme mal, volvería a sentirme culpable, a sentirme una basura. Y no puedo evitar caer en la tristeza ajena, meterme debajo de sus pieles y sentir ese dolor que se siente en los momentos así. Me pregunto si alguna vez alguien sintió esta preocupación por mí. Me gusta creer que sí...
Siempre fui defensora de la frase que dice algo así como que la vida no es difícil, sino que quienes la complican son las personas.
Hasta hace unos días estaba enojada, "enmimismada", preocupada únicamente por mis problemas, sin fijarme que la gente a mi alrededor era feliz, estaba pasando un buen momento. Hoy pude dejar todo ese enojo y resentimiento de lado y predisponerme a disfrutar de la vida y de ese sol que brilla todos los días y que, como dice Fito, ni siquiera una bomba lo puede parar. Como es de suponer, la felicidad duró poco, a pesar de que son muchos los motivos que YO tengo para estar feliz o, al menos, contenta. Me di cuenta de que la gente a mi alrededor estaba pasando un momento horrible, de duras decisiones, de momentos no sé si claves, pero sí muy duros y difíciles de pasar. Y entonces apareció la culpa. ¿Debería sentirme culpable y dejar mi alegría de lado aunque sea por un ratito hasta que todo se acomode un poquito? ¿Llegará alguna vez ese momento en que, aunque sea por un instante único en el Universo, la gente que me rodea y amo de verdad encuentre la armonía, ni siquiera pido la felicidad? ¿Está mal esta alegría que hay en mí por las buenas noticias de hoy?
Luego de escribir esto pienso que, si de verdad creo que la gente es la que complica la vida, entonces no debería de preocuparme por nada ni nadie. Y volvería a sentirme mal, volvería a sentirme culpable, a sentirme una basura. Y no puedo evitar caer en la tristeza ajena, meterme debajo de sus pieles y sentir ese dolor que se siente en los momentos así. Me pregunto si alguna vez alguien sintió esta preocupación por mí. Me gusta creer que sí...
Etiquetas:
Cecilia,
Culpa,
Desilusión,
Dolor,
Felicidad
martes, 17 de agosto de 2010
El amor, siempre.
El calor de tus palabras chocando contra mi oído.
Tu mano rozando mi cintura, desarmándome por completo.
El temblor de mis piernas ante esa sensación desconocida.
Tu perfume que me persigue dondequiera que vaya.
Miles de personas a nuestro alrededor que ni siquiera sospechan lo que significa ese brevísimo encuentro.
Un dolor que se va y otro que viene para quedarse.
Un miedo inconfesable de hablar, de perderte.
Y el amor, siempre.
Tu mano rozando mi cintura, desarmándome por completo.
El temblor de mis piernas ante esa sensación desconocida.
Tu perfume que me persigue dondequiera que vaya.
Miles de personas a nuestro alrededor que ni siquiera sospechan lo que significa ese brevísimo encuentro.
Un dolor que se va y otro que viene para quedarse.
Un miedo inconfesable de hablar, de perderte.
Y el amor, siempre.
lunes, 16 de agosto de 2010
Vos, siempre vos.
Este tiempo, esta distancia que te tomás, este silencio de nuestras almas, no son nada en comparación con la belleza y la perfección de esos pequeños momentos que viviremos en un futuro no muy lejano, lo presiento.
Te necesito.
Te quiero.
Te admiro.
Y siempre estás conmigo.
Te necesito.
Te quiero.
Te admiro.
Y siempre estás conmigo.
Pero me queda, y no siento vergüenza, nostalgia del exilio.
Luego de cuatro días de alejarme de lo que para mí siempre fue la comunicación con el mundo (internet) quise volver. Y volví. Volví para ver si había novedades sobre alguien. Prendí la computadora y sin poder evitarlo, entré a Facebook. Me di cuenta que nadie se había dado cuenta de mi ausencia, que supuestamente iba a continuar por un tiempo prolongado e indefinido. Me di cuenta de que, si llegara a morirme mañana, nadie -o quizás muy poca gente- se daría cuenta de mi ausencia. Me invadió nuevamente el sentimiento de soledad que sólo viene en estos momentos. Todos sabíamos que iba a suceder. Siempre lo supe. Desde que me enteré que no podría ir lo supe. Es así.
Entonces decidí que la idiota sumisa que hace todo lo que le piden se acabó. A partir de este momento se acabó. Se fue para siempre. Se murió. Y ya nada la hará revivir.
Y así fue que aprendí que este regreso, esta vuelta que no me hace pensar en otra cosa que no sea volver a ese exilio, no fue bueno para nadie. Y me voy de nuevo, con la frente en alto, pensando qué podrá depararme el destino, sin pensar cuándo volveré...
Entonces decidí que la idiota sumisa que hace todo lo que le piden se acabó. A partir de este momento se acabó. Se fue para siempre. Se murió. Y ya nada la hará revivir.
Y así fue que aprendí que este regreso, esta vuelta que no me hace pensar en otra cosa que no sea volver a ese exilio, no fue bueno para nadie. Y me voy de nuevo, con la frente en alto, pensando qué podrá depararme el destino, sin pensar cuándo volveré...
Etiquetas:
Cecilia,
Desilusión,
Exilio
viernes, 6 de agosto de 2010
05/08/07
Hace tres años esta canción me renovaba las esperanzas y me ayudaba a soportar las ansias de conocerte, luego de la frustración de no haber podido hablar con vos aquella primera función a la que asistí.
Hoy, tres años después, las cosas no han cambiado en mucho. La canción, junto con su letra esperanzadora, me tiene bajo los mismos efectos, aunque esta vez eso que espero es algo diferente.
Hace tres años fui feliz porque pude darme a conocer. Hoy puedo asegurar que, aunque sea por un minúsculo instante que quedó escrito en la historia, toqué tu corazón y sabés verdaderamente de mi existencia, incluso recordás mi nombre y mi persona y me destacás como un fruto de tu trabajo -cosa que jamás aspiré a lograr, jamás aspiré a tal reconocimiento-. ¿Qué puedo decir? Me siento más que halagada. Me siento orgullosa, eufórica, agradecida y feliz. Ni con todos los adjetivos calificativos existentes sería capaz de describir mi estado. Pero al menos conozco la causa y aseguro que quisiera detener el tiempo en este momento, congelarlo y grabarlo en la historia de mi vida y atesorarlo hasta el último exhalar de ella.
¿Para qué intentar agradecerte una vez más? Sería ser repetitiva sin sentido. Ya lo sabés todo, a través de las cartas y los comentarios del blog, conocés todo o casi todo lo que hiciste por mí. Y hasta creo que, en tu enorme sabiduría, lo estás comprendiendo.
Te adoro, hasta el fin de mis días.
Cecilia.~
Hoy, tres años después, las cosas no han cambiado en mucho. La canción, junto con su letra esperanzadora, me tiene bajo los mismos efectos, aunque esta vez eso que espero es algo diferente.
Hace tres años fui feliz porque pude darme a conocer. Hoy puedo asegurar que, aunque sea por un minúsculo instante que quedó escrito en la historia, toqué tu corazón y sabés verdaderamente de mi existencia, incluso recordás mi nombre y mi persona y me destacás como un fruto de tu trabajo -cosa que jamás aspiré a lograr, jamás aspiré a tal reconocimiento-. ¿Qué puedo decir? Me siento más que halagada. Me siento orgullosa, eufórica, agradecida y feliz. Ni con todos los adjetivos calificativos existentes sería capaz de describir mi estado. Pero al menos conozco la causa y aseguro que quisiera detener el tiempo en este momento, congelarlo y grabarlo en la historia de mi vida y atesorarlo hasta el último exhalar de ella.
¿Para qué intentar agradecerte una vez más? Sería ser repetitiva sin sentido. Ya lo sabés todo, a través de las cartas y los comentarios del blog, conocés todo o casi todo lo que hiciste por mí. Y hasta creo que, en tu enorme sabiduría, lo estás comprendiendo.
Te adoro, hasta el fin de mis días.
Cecilia.~
Suscribirse a:
Entradas (Atom)