Qué difícil es todo. Qué horrible, cruel y morbosamente complicado. Me pregunto en este momento si alguien desde arriba mueve los hilos y disfruta con el sufrimiento ajeno. Me pregunto también si puede existir una felicidad que dure más de cinco minutos.
Siempre fui defensora de la frase que dice algo así como que la vida no es difícil, sino que quienes la complican son las personas.
Hasta hace unos días estaba enojada, "enmimismada", preocupada únicamente por mis problemas, sin fijarme que la gente a mi alrededor era feliz, estaba pasando un buen momento. Hoy pude dejar todo ese enojo y resentimiento de lado y predisponerme a disfrutar de la vida y de ese sol que brilla todos los días y que, como dice Fito, ni siquiera una bomba lo puede parar. Como es de suponer, la felicidad duró poco, a pesar de que son muchos los motivos que YO tengo para estar feliz o, al menos, contenta. Me di cuenta de que la gente a mi alrededor estaba pasando un momento horrible, de duras decisiones, de momentos no sé si claves, pero sí muy duros y difíciles de pasar. Y entonces apareció la culpa. ¿Debería sentirme culpable y dejar mi alegría de lado aunque sea por un ratito hasta que todo se acomode un poquito? ¿Llegará alguna vez ese momento en que, aunque sea por un instante único en el Universo, la gente que me rodea y amo de verdad encuentre la armonía, ni siquiera pido la felicidad? ¿Está mal esta alegría que hay en mí por las buenas noticias de hoy?
Luego de escribir esto pienso que, si de verdad creo que la gente es la que complica la vida, entonces no debería de preocuparme por nada ni nadie. Y volvería a sentirme mal, volvería a sentirme culpable, a sentirme una basura. Y no puedo evitar caer en la tristeza ajena, meterme debajo de sus pieles y sentir ese dolor que se siente en los momentos así. Me pregunto si alguna vez alguien sintió esta preocupación por mí. Me gusta creer que sí...
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